Las víctimas de un profesor de música condenado lamentan la inactividad de Mossos y del sistema judicial y sospechan que podrían existir vídeos de los abusos
Adrià, Isaac, Aniol, Roger, Àlex, Jordi, Pol, Maxym y Andreu son sólo algunas de las víctimas de abusos sexuales de Jordi Brull Bonet, el depredador de menores de Quart. La punta del iceberg. Aprovechó su pasión musical por la batería para idear el sótano de los horrores —un antro en penumbra, sin ventanas, con espejos, un sillón, un sofá, y fotos de alumnos en las paredes—, en el que les daba clase mañanas, tardes y fines de semana. Dijo haber tenido unos 400 alumnos. Ha sido condenado a 26 años y medio de cárcel por abusos durante años a cinco menores —entre 10 y 15 años— y a un adulto. Ha habido más denuncias. La apertura del perfil de Instragram del grupo de víctimas, “Stop Abusos. Bateristas unidos para romper el silencio”, ahora —cas_jordi.brull— , hizo que decenas de hombres de todas las edades escribieran para visibilizar sus abusos. Otros lo hicieron en persona. Calculan unos sesenta casos, pero están convencidos: “El número real llega a tres cifras”.
Jordi Brull (Salt, 1955) estudió música y acompañó a músicos internacionales del jazz en La cova del Drac de Barcelona. Durante 16 años fue batería de la conocida orquesta Janio Martí (1962-2001), que tocaba en fiestas mayores y tuvo a Nina de cantante. Esa relativa fama le abrió las puertas a ser profesor de pequeños de Quart, Girona, Cassà, Vilobí d’Onyar, Sant Julià de Ramis y Figueres, entre otras poblaciones, cuya ilusión era la batería. Lo aprovechó durante décadas, primero en sus casas y luego perfeccionó su sótano. Establecía un fuerte vínculo con ellos. Era amigo, un padre, les daba cariño, regalos, clases gratis, les dejaba beber y fumar, les escuchaba y se confesaba enamorado. Eran su preferido, el mejor alumno y con mejor futuro. Y aunque no querían su contacto, les convenció de que era lo normal. Cada uno se creía solo, el único a quien le pasaba. Normalizaron la táctica del depredador. Ahora, en un durísimo proceso personal, lo aceptan, era un abuso psicológico para llegar al sexual.






