La Audiencia Nacional se prepara para acoger la esperada vista contra las cúpulas de Interior y la Policía de Rajoy por intentar boicotear la investigación del ‘caso Gürtel’, que acorraló al partido
Nadie puede negar que José Manuel Villarejo era un comisario muy, muy, muy metódico. Además de grabar en secreto durante lustros a decenas de personas con las que compartió mantel, reservados y confidencias, el policía llevaba una sistemática agenda donde anotaba sus profusos contactos, conversaciones e impresiones. El agente, acostumbrado a moverse por las sombras, estaba convencid...
o de que la información era poder; y, para recordar la infinidad de datos que manejaba, necesitaba registrarlos. Así, en julio de 2013, apuntó en sus cuadernos la palabra “chef” y, junto a ella, las siguientes frases: “Al principio desconfiado, después se ha mostrado más receptivo. Quedo en darle mañana 2.000 y tfno., después todo lo demás”. Sin pensar que algún día saldría a la luz, Villarejo dejaba así huella de la captación como confidente del chófer del extesorero popular Luis Bárcenas y de una de las operaciones más turbias gestadas en las cloacas del Estado: la Operación Kitchen, que se juzga desde este lunes en la Audiencia Nacional.







