La organización Rainforest Connection utiliza micrófonos, conectividad e inteligencia artificial para ayudar a la conservación de bosques de 37 países: graban a quienes la depredan, pero también su biodiversidad
Una selva tropical es un bosque tupido en el que se puede ver muy poco más allá de unos 15 metros a la redonda. En cambio, algunos sonidos producidos por humanos o animales se transmiten a cientos de metros de distancia sin obstáculos. Con esta idea de partida, la organización estadounidense Rainforest Connection (RFCx) utiliza micrófonos, conectividad e inteligencia artificial para ayudar a la conservación de bosques de 37 países. “Nosotros llamamos gua...
rdianes a unos dispositivos con micrófonos, software y una minicomputadora a bordo, que instalamos en el dosel [copa] de los árboles, con los que conseguimos escuchar un área de aproximadamente un kilómetro de radio”, explica en videoconferencia Jon Bruno, consejero delegado de esta organización conservacionista de Texas (EE UU).
Con ellos se puede identificar el ruido de motosierras de madereros ilegales o de disparos de furtivos, pero también el canto de especies ocultas en la vegetación, que resultan muy difíciles de observar. “Nuestro primer proyecto piloto de detección de sierras eléctricas se realizó en 2013 en Sumatra, pero comenzamos a recopilar audio en 2015 en Camerún”, cuenta Topher White, fundador de RFCx. Entonces eran algo anecdótico, pero como detalla Bruno, para final de 2026 esperan tener 1.750 instalaciones de vigilancia (algunas con varios dispositivos acústicos) repartidas por 43 países del mundo, entre ellos Brasil, Indonesia, Kenia, Perú, República Dominicana y, próximamente, Pakistán. “Nuestros guardianes son invisibles para los que talan, explotan minas o cazan de forma ilegal. Ahora mismo, somos los únicos con capacidad de detectar las amenazas y dar la alerta a los guardabosques locales en tiempo real”, asegura.






