El álbum ‘All Eyez On Me’, que inauguraba el que prometía ser un 1996 glorioso para el rapero, pasó a la historia primero por la visceralidad de sus letras y luego por convertirse en la última publicación del controvertido artista en vida

Para algunos, el acuerdo que Tupac Shakur (Nueva York, EE UU, fallecido a los 25 años en 1996) firmó con la discográfica Death Row Records representó su sentencia de muerte. Para el rapero, suponía la libertad. Shakur llevaba ocho meses en la cárcel, culpable de abusar sexualmente de una mujer entre él y otros hombres. El 12 de octubre de 1995, el artista conocido como 2Pac salió de prisión después de que el jefe de la discográfica pagara...

una fianza de casi un millón y medio de dólares, con el compromiso de grabar tres discos para el sello. Al día siguiente, se puso manos a la obra y acudió al estudio para iniciar las sesiones de su trabajo más ambicioso: All Eyez On Me, álbum doble de 27 cortes y más de dos horas de duración. Publicado en febrero de 1996, hace treinta años, obtuvo críticas excelentes y sigue siendo el disco más vendido de su carrera, considerado uno de los mejores de la historia del género.

Durante su encierro, 2Pac se había convertido en el primer artista en lograr un número uno en ventas estando en prisión: Me Against The World (1995), grabado en las semanas previas a su ingreso, desbancó a todo un Bruce Springsteen de lo alto de las listas. Las esperanzas de que el éxito le ayudara a enderezar su carrera y rehacer su vida se disiparon cuando decidió asociarse a uno de los personajes más tóxicos y denostados de la escena de entonces, Suge Knight, el capo al frente de Death Row. Gran referencia del hip-hop de la costa oeste estadounidense (el entorno californiano), donde militaban Dr. Dre, Snoop Dogg, MC Hammer o Big Daddy Kane, Death Row venía precedido por el terrorífico historial del cabecilla, que incluía extorsiones, tráfico de drogas, palizas y asociación criminal.