El ascenso de Cuerpo corta cualquier mensaje sucesorio y busca centrar la batalla en la economía y en el voto moderado para las elecciones de 2027
Rodrigo Rato y
k-track-dtm="">Carlos Cuerpo comparten desde el viernes el honor de haber llegado a ser vicepresidente económico de su país, el máximo nivel para un economista. Pero muy pocas cosas más. Son de generaciones distintas, de ideologías diferentes, y sobre todo de extracciones familiares casi opuestas. Cuerpo es nieto de un hombre que no pudo ir a la escuela porque se vio obligado con nueve años a trabajar en la mina de wolframio de su pueblo, Valle de la Serena, en Extremadura. Por el contrario Rato, cuyo segundo apellido es Figaredo, es nieto por parte materna de uno de los más conocidos propietarios de minas de carbón asturianos, miembro de la misma familia del actual diputado de Vox, José María Figaredo. En la cuenca minera asturiana aún se recuerdan los durísimos conflictos de los trabajadores de Minas Figaredo con la familia propietaria, que desde mediados del siglo XIX explotaba esas concesiones en condiciones durísimas para los mineros. Un vicepresidente es nieto de minero, el otro de dueño de minas.
Este viernes, en su toma de posesión, Cuerpo recordaba a su abuelo y hablaba de su educación en escuelas y universidades públicas, de su vivencia como emigrante —sus padres, maestros de escuela, se lo llevaron a Suiza a los 9 años buscando una vida mejor— y definía ese salto del nieto de minero a la vicepresidencia primera como un “sueño americano, pero a la española” porque en lugar de tener detrás una gran fortuna, un éxito arrollador en los negocios, como suele suceder en EE UU, lo que Cuerpo tiene a sus espaldas es “un verdadero Estado del bienestar” que hizo posible ese salto: toda su carrera gira alrededor de esa igualdad de oportunidades.







