El anuncio hecho por el Comisionado de NBA, Adam Silver, de buscar vías de colaboración con la Euroliga en su plan de crear una nueva competición de baloncesto en Europa es sin duda una gran novedad

El anuncio hecho por el Comisionado de NBA, Adam Silver, de buscar vías de colaboración con la Euroliga en su plan de crear una nueva competición de baloncesto en Europa es sin duda una gran noticia. Hace pocas semanas tuve la ocasión de advertir que canibalizar la máxima competición europea en lugar de colaborar y aprovechar todo lo bueno construido por la Euroliga en los 25 años de existencia era un error.

La rectificación llega después de constatar la obviedad de que el ecosistema deportivo europeo es muy distinto del norteamericano y que, asociarse con FIBA, que ha desempeñado un papel secundario en los años de mayor progreso de las competiciones de clubes, no ayuda a convencer a los grandes clubes europeos.

Pensar que estos clubes que son propietarios de la Euroliga y que la han llevado a un nivel deportivo sin precedentes tengan que pagar cientos de millones de euros para continuar jugando en la misma competición —o quizá peor a la vista del formato propuesto—no parece ni razonable ni realista. Si además gran parte de este dinero iba a parar a los bolsillos de la NBA y la FIBA, la motivación era nula. Y si a pesar de pagar, los clubes iban a dejar de gobernar su Liga, que fue la gran victoria frente a FIBA en el 2000, se concluye que la dificultad del enfoque de la NBA era mayúsculo.