Mucho antes de que siquiera la tecnología pudiera dar alas reales a quienes fantaseaban con protagonizar y emitir su propio ‘reality’ 24/7, ‘The Comeback’ nos descubrió a Valerie Cherish.
Se le ha reconocido, y con razón, el don de la profecía a Los Simpson en tantas ocasiones que ya es un lugar común colocarla a la cabeza de las ficciones contemporáneas con habilidades adivinatorias. Pero acaba de volver la reina de la clarividencia sobre la tele y sus animales:
data-link-track-dtm="">The Comeback estrenó ayer en HBO Max su tercera temporada, 12 años después de la segunda y 21 años después de la primera, emitida en 2005. Una serie de culto, sí; influyente, también. Me juego los hijos que no tengo a que sin ella no se habrían podido materializar series tan dispares como Episodes, The Studio o Paquita Salas. Incluso 30 Rock, a la que tanto aludimos para explicar la tele de hoy, se estrenó un año después.
Mucho antes de que siquiera la tecnología —smartphones y redes sociales mediante— pudiera dar alas reales a quienes fantaseaban con protagonizar y producir su propio reality 24/7, The Comeback se cimentó en la obsesión de Valerie Cherish, actriz de sitcom, por mostrar su propia vida. En una época en la que los influencers ni siquiera tenían una ecografía que enseñar al mundo, The Comeback adaptó el adagio “¿Hace ruido un árbol al caer en el bosque si nadie está ahí para escucharlo?” a “¿Me están pasando cosas si no se las estoy enseñando a nadie?”.






