El archipiélago que forma parte del Reino de Dinamarca mantiene los lazos comerciales con Rusia, una relación que levanta ampollas en Bruselas
Los carteles electorales se solapan estos días en las cuidadas y estrechas calles de Tórshavn, la capital de Islas Feroe. Sus habitantes encaran una doble cita con las urnas: el martes participarán en las legislativas danesas; el jueves, en unos comicios que despiertan un interés mucho mayor porque elegirán a los nuevos miembros de su propio Parlamento. Este remoto archipiélago atlántico, integrado en el Reino de Dinamarc...
a, aunque mantiene polémicos acuerdos comerciales con Rusia, ha adquirido un peso creciente en el tablero geopolítico. Y, a diferencia de Groenlandia —que, ante las amenazas de Donald Trump, ha optado por estrechar sus lazos con Copenhague—, en la clase política feroesa ha resurgido con fuerza el sentimiento independentista.
Las Feroe, 18 islas de origen volcánico en pleno Atlántico en las que viven más ovejas que personas, son, junto a Groenlandia, los últimos vestigios del antiguo imperio danés, que en su día controló Islandia y varias colonias en el Caribe, África y Asia. Durante décadas, los partidos del archipiélago se dividieron entre los que defendían la independencia y aquellos que apostaban por mantener, e incluso reforzar, la relación con Copenhague. Esa frontera política, sin embargo, se ha ido difuminando en los últimos años. El año pasado, cinco de las seis fuerzas con representación en el Logting (el Parlamento feroés) suscribieron un acuerdo para impulsar el proceso de autodeterminación. Al menos sobre el papel, pretenden hacerlo sin romper completamente con el Reino, aspirando a “una solución de tres Estados”, una suerte de Commonwealth nórdica en la que Dinamarca, Groenlandia y las Feroe se conviertan en socios igualitarios.








