Cremà del monumento municipal 'Hope', en la plaza del Ayuntamiento, que ha puesto el broche final a las Fallas 2026. EFE/Ana Escobar

Carlos Bazarra |

València (EFE).- Las Fallas de València han puesto esta noche su broche final con la Cremà de sus casi 770 monumentos entre grandes e infantiles, cuyo arte efímero ha representado este año un clamor general, exhibido entre la esperanza y el pesimismo pero siempre con sátira y humor, contra las guerras y a favor de la paz.

En el año que cumplen una década como Patrimonio de la Humanidad, y marcadas por una climatología aún invernal -pero más benévola que en 2025, cuando hizo frío y llovió mucho-, estas Fallas serán recordadas por sus grandes aglomeraciones y problemas de movilidad, el récord del censo fallero (roza ya los 130.000 inscritos), la polémica política por la gestión logística de la fiesta y, sobre todo, una sensación generalizada de que hay aspectos clave que deben afrontarse ya para evitar problemas mayores.

A falta de cifras definitivas de visitantes, ocupación hotelera y gasto en hostelería, las Fallas 2026 ofrecen un primer balance positivo de impacto económico, mientras desde el punto de vista de la seguridad apenas ha habido incidentes graves a pesar de las situaciones críticas que se viven a diario en los espectáculos de más afluencia, como la mascletà, las verbenas y los castillos nocturnos de fuegos artificiales.