En una comparecencia en el Senado, la directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, ha omitido un párrafo de su declaración escrita que revelaba contradicciones sobre la amenaza que representaba Teherán
Hace un año, la responsable de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, aseguraba en una comparecencia ante el senado que Irán no estaba desarrollando armas nucleares. “Se equivoca”, le contradecía de plano el presidente, Donald Trump, que dos meses después ordenaba un ataque contra el programa atómico de ese país. Este miércoles, la directora nacional de inteligencia ha vuelto a la Cámara alta por primera vez desde entonces. Y en una declaración que ha intentado respaldar a la Casa Blanca en su nueva guerra contra Irán, ha puesto en evidencia grietas sobre el conflicto armado entre el presidente y sus agencias de espionaje, un día después de la dimisión del responsable de la lucha antiterrorista, Joseph Kent, en desacuerdo con la decisión de lanzar la ofensiva.
En su comparecencia ante el comité de Inteligencia del Senado, Gabbard ha indicado que el régimen teocrático de Irán “permanece intacto”, aunque “muy debilitado” tras los ataques conjuntos israelíes y estadounidenses, que han matado a varios de sus máximos dirigentes —incluido el líder supremo, Alí Jameneí— y diezmado su capacidad militar. “Sus capacidades convencionales de proyección de poderío militar han quedado casi destruidas, y solo les quedan opciones limitadas. Su posición estratégica ha resultado debilitada de manera significativa”, ha apuntado la responsable de los servicios de espionaje estadounidenses.








