El tanto en el último suspiro salva a los azulgranas, superados en St. James’ Park por un rival mucho más enérgico

Un penalti que se inventó Olmo y transformó Lamine en la última jugada del partido, cuando ya se cumplía el minuto 96, puso a salvo el ejercicio de supervivencia del Barça en el St. James’ Park. El empate, tercero de la temporada, fue celebrado como una victoria después de la tormenta futbolística de Newcastle. El partido siempre estuvo inclinado hacia la portería de Joan García, reventados como quedaron los azulgranas por el despliegue inglés, sin más aliento que el regate final de Olmo que se tragó Thiaw y provocó el gol número 20 de Lamine. El marcador fue generoso con el Barça, despersonalizado y desvencijado, superado colectiva e individualmente, porque la mayoría de los jugadores están alejados de la mejor versión que exhibieron el año pasado con la llegada de Flick. La fe y el deseo que tienen en la Champions permitieron a los barcelonistas agarrarse como demonios al encuentro sin la pelota ante el rival más goleador del torneo: 27. Los magpies se batieron como jabatos en un partido que consideraban histórco por la visita del Barça.

Apenas hubo tiempo de reparar en la posición de Araujo, titular sorprendentemente como lateral derecho por la lesión de Eric porque el Newcastle embistió como una manada de búfalos la portería de Joan García. Los ingleses botaron tres saques de esquina consecutivos y Cubarsí remendó cerca de la línea de gol un error grosero del portero del Barça. Barnes y Elanga, dos extremos muy rápidos en un equipo de gigantes, encaraban a Araujo y Cancelo. No había más defensas azulgranas en nómina por las ausencias de Koundé, Balde y Christensen. Más que en su reaparición, ausente desde su infeliz noche de Stamford Bridge y señalado también con anterioridad ante el PSG, la duda estaba en la ubicación de Araujo. Flick prefirió mantener a Cubarsí y Gerard Martín como centrales ante el gigante danés Osula.