La imagen pone en apuros al presidente de Estados Unidos, que nunca había asistido a la ceremonia de repatriación de soldados caídos en un conflicto empezado por él

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, protagonizó este sábado una imagen que quería evitar a toda costa: la foto de alguien que se vendió antes de las elecciones que lo devolvieron a la Casa Blanca como un “presidente de paz” recibiendo los cadáveres de soldados estadounidenses muertos en una guerra, la guerra de Irán, lanzada por él mismo, en colaboración con Israel.

Los cuerpos llegaron en un avión militar de carga a la base aérea de Dover, en el Estado de Delaware. Está a un par de horas de Washington y sirve de escenario para estas ceremonias desde los años cincuenta. Allí estaban aguardando Trump, con traje azul, corbata roja y gorra blanca, y su esposa, la primera dama Melania Trump, de negro, así como el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Ambos habían volado desde Miami, donde horas antes el presidente había presidido una reunión de jefes de Estado latinoamericanos afines ideológicamente a él para alumbrar algo llamado El Escudo de las Américas.

No era la primera vez que Trump veía salir los ataúdes cubiertos por la bandera de las barras y las estrellas de la panza de una aeronave en una ceremonia de este estilo, pero sí la primera en la que no pudo echar la culpa a otro presidente de esas muertes.