La banda de Granada, que halló una vía alternativa al rock español en los ochenta y noventa y estuvo parada dos décadas, consolida su segunda vida con un nuevo disco, sólido y de vieja escuela

Mucho antes de que la inteligencia artificial pudiese revivir a los muertos, los 091 renacieron de sus cenizas. Y, a diferencia de la tecnología de última generación, lo suyo fue real. Sigue siéndolo. “Aquí estamos. Otra vez de vuelta con otro disco”, dice con cierta sorna José Ignacio Lapido, guitarrista de la banda de Gr...

anada. Él, el cantante José Antonio García, Pitos, el bajista Jacinto Ríos y el baterista Tacho González se sientan en la sala reservada del Café Pavón de Madrid para charlar de Espejismo nº9, el nuevo álbum de este grupo que escribió una de las páginas de rock más bonitas y extrañas de la escena española entre los ochenta y los noventa y, dos décadas después, regresó para hacerla aún más bonita y extraña. “Estamos deseando que digan que el rock ha vuelto para justificar por qué seguimos aquí”, señala entre risas Tacho González.

El rock no ha vuelto porque quizá nunca se ha ido, pero lo que no deja lugar a dudas es que 091 está aquí. El grupo ha vuelto, aunque su nombre por encima de todo es sinónimo de resurrección… y consolidación. La última prueba es su nuevo disco, un muy notable trabajo de rock clásico, que testifica que toda su maniobra de resurrección, a través del recopilatorio que recogió en 2016 lo mejor su carrera y el disco La otra vida, se ha asentado en un hecho: los cero regresaron del más allá para quedarse y, de paso, reivindicar su rock de vieja escuela después de fichar por una gran discográfica como Universal. “Con Espejismo nº9 no esperamos a tener una colección de canciones como en anteriores trabajos, sino que lo grabamos en 2024 en cinco sesiones”, cuenta Lapido. “Seguimos siendo fieles a nosotros mismos, teniendo nuestras influencias primigenias de siempre. Las esencias son las mismas”, añade.