Con casi 60 años en activo y un enorme legado discográfico, no se conformó con tocar solo blues

Me impresionan las imágenes del concierto homenaje a Taj Mahal de finales del pasado mes. En realidad, se trataba de un evento benéfico para Sweet Relief, organización que facilita cuidados a músicos en estado de necesidad. Allí vemos a un Taj Mahal de movilidad reducida, junto a Van Morrison y otros admiradores. ...

Conocí a Henry St. Claire Fredericks Jr. (su verdadero nombre) en el festival Mar de Músicas en Cartagena, donde impresionaba por su envergadura y su accesibilidad: vendía copias de su autobiografía, charlaba con cualquiera que se le acercara.

El Taj Mahal que irrumpió en la escena allá por 1968 rompía los tópicos del bluesman. Crecido en una familia de clase media, era un universitario que comenzó a destacar en California, pilotando un grupo interracial con Ry Cooder, los Rising Sons. Frente a las agonías que parecían ser obligatorias para los músicos de blues blancos con ansia de credibilidad, se mostraba risueño, pícaro y pegado a la tierra: hasta practicaba la agricultura. Multiinstrumentista y altamente educado, chocaba con el público negro, al que desconcertaba con su aire bohemio, por lo mismo que fascinaba a los músicos de rock. La teoría de Taj Mahal sugería que las estrellas del rock practicaban un blues miserabilista para conjurar, vaya, su culpabilidad por basar su carrera en la apropiación cultural.