El gran fresco permanecerá oculto tras una tela hasta Semana Santa mientras los restauradores realizan una limpieza extraordinaria
Suspendidos entre el cielo y el infierno que imaginó Miguel Ángel, los restauradores de los Museos Vaticanos se afanan en limpiar el imponente mural de El juicio final, la obra maestra que preside la Capilla Sixtina. Están retirando una capa blanquecina que se ha depositado sobre la superficie pictórica y ha ido apagando la viveza de las figuras desde la última restauración, que se hizo hace algo más de treinta años.
Un andamio cubierto con una tela impresa que reproduce la colosal pintura oculta el fresco y permite a los técnicos trabajar durante el día sin tener que cerrar la sala, mientras los visitantes llenan la Capilla Sixtina, joya del Renacimiento y epicentro simbólico del Vaticano, célebre por sus bóvedas pintadas y por acoger el cónclave en el que se elige al Papa. Se prevé que la intervención esté concluida para Semana Santa.
“Nos hemos visto obligados a colocar un andamio porque, aunque el fresco está en muy buen estado, necesitábamos retirar esta capa de salitre. Es una operación facilísima”, ha señalado este sábado la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, junto al altar de la Capilla. La directora ha apuntado que no se trata de una restauración –que es un proceso más complejo e invasivo–, sino más bien de “labores de mantenimiento extraordinario”, es decir, una limpieza necesaria para borrar la huella que dejan los más de seis millones de visitantes que cada año recorren los Museos Vaticanos, con la Capilla Sixtina como protagonista.







