El contraste entre el elevado coste de vida y de la vivienda y las dificultades de parte de la población tensionan el modelo social del pequeño Estado centroeuropeo

Cada mañana, decenas de miles de personas cruzan la frontera para trabajar en Luxemburgo, atraídas por los salarios más altos de Europa. Otros tantos han emigrado desde todos los rincones del globo a un país donde la riqueza se mide en récords. La pobreza, en cambio, se esconde en estadísticas menos visibles y en vidas que no encajan con la imagen de prosperidad del Gran Ducado. ...

Una mujer bajita y con un llamativo gorro de leopardo paga los 50 céntimos de euro que cuesta el menú y se pone a la cola en el comedor social de la ONG La voz de la calle (Stëmm vun der Strooss). Accede a contar por qué está allí ―la mayoría de los usuarios no querrán― a cambio de no dar demasiados datos. Bastará con Madame Moufida, de 67 años. De nacionalidad francesa, trabajó más de 15 años “en casi todo: hostelería, en un museo, en un centro sanitario…”. Relata que un problema burocrático está reteniendo su pensión y que mientras lo soluciona vive con 300 euros al mes y duerme en un hogar para personas mayores. El comedor social es para ella una necesidad.