El lateral de la Real Sociedad se lesiona de gravedad y ve truncado su regreso al máximo nivel cuando por fin había recuperado continuidad y confianza

Se confirman los peores augurios. La Real Sociedad lo ha hecho oficial este domingo. Álvaro Odriozola sufre una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. La lesión es, ante todo, un golpe devastador para el propio futbolista. Más allá de lo que pueda suponer para la Real Sociedad en lo competitivo, la verdadera dimensión del drama está en lo personal. Porque cuando el lateral donostiarra parecía haber dejado atrás el infortunio que le ha perseguido en los últimos años, cuando por fin volvía a sentirse importante y competitivo, el fútbol le ha vuelto a poner a prueba.

Odriozola estaba ofreciendo de nuevo su mejor versión. Había recuperado chispa, confianza y continuidad. Se le veía suelto, profundo, incisivo en ataque y comprometido en defensa. Ese futbolista eléctrico que maravilló en Anoeta y que llamó la atención de media Europa. El mismo que llevó al Real Madrid a apostar fuerte por él pagando cerca de 30 millones de euros por su fichaje. No era solo una cuestión de minutos acumulados, sino de sensaciones: volvía a tener esa determinación en cada arrancada, esa personalidad para pedir el balón y asumir responsabilidades.