El cantante de ópera fue el bajo-barítono preferido de Karajan, con quien colaboró en 28 grabaciones, y un artista versátil que transitó con naturalidad desde Mozart a Messiaen
Su madre decía que cantaba desde sus primeros gritos, según recuerda Michèle Friche en su monografía (Buchet Chastel, 1988). La voz de José van Dam fue siempre natural y musical, al margen del repertorio que abordara. No en vano, este versátil bajo-barítono belga reunió un vasto catálogo operístico, desde Rappresentatione di Anima et di Corpo, de Emilio de’ Cavalieri —en su debut de 1968 en el Festival de Salzburgo— hasta Olivier Messiaen, cuyo San Francisco de Asís estrenó en 1983. A lo largo de más de seis décadas colaboró con los grandes directores de su tiempo, entre ellos Herbert von Karajan, de quien fue uno de sus intérpretes de referencia.
José van Dam falleció el martes 17 de febrero a los 85 años, “pacíficamente y rodeado de sus seres queridos”, según anunció la Capilla Musical Reina Elisabeth, donde era maestro emérito residente desde 2004. Nacido como Joseph Libert Alfred Van Damme el 25 de agosto de 1940 en el municipio bruselense de Ixelles, era hijo de un ebanista sin vinculación con el mundo de la música.






