El base del Joventut regresa al torneo después de su paso por la NBA y su parón por salud mental y con sus mejores medias de puntos y asistencias

Disfrutar. Esa es la palabra que va de la mano de Ricky Rubio en su regreso esta temporada al baloncesto tras un parón para recuperar el amor por la canasta. “He vuelto para disfrutar y lo estoy haciendo cada día”, resume el base catalán de 35 años, y el mismo sentimiento de felicidad se repite en sus compañeros de equipo, en sus colegas con otra camiseta, en su entrenador en el Joventut y hasta en el seleccionador nac...

ional. Ricky Rubio disfruta otra vez, es feliz, sonríe y emerge de nuevo un talento único por su visión de juego y su inteligencia. Lo celebra la Penya y todo el baloncesto español, y la fiesta es completa en la Copa del Rey en Valencia.

El torneo copero ilustra como ninguno esta segunda infancia de Ricky Rubio. No en vano el base vuelve a pisar la competición 15 años después, una especie de regreso a los orígenes, a aquel veinteañero que ya entonces había quemado etapas a mucha velocidad y se preparaba para la gran aventura de la NBA. Cuando este jueves salte a la cancha en los cuartos de final ante el Valencia, el calendario marcará 5.486 días desde su última noche en la Copa. Fue el 13 de febrero de 2011 y en una plaza grande, la final con el Barça ante el Real Madrid frente a 13.000 espectadores en el Palacio de los Deportes. Ganó el equipo azulgrana (60-68) y Ricky completó la trilogía: tres finales coperas jugadas y las tres ganadas después de coronarse con apenas 17 años en 2008 en el Joventut de Rudy frente al Baskonia (con dos tiros libres decisivos en los segundos finales), y de las victorias en los clásicos Barça-Madrid de 2010 y 2011.