La alcaldesa de la capital no se presentará a unas elecciones que, a un año de las presidenciales, aportarán pistas sobre la dirección del país y las alianzas de los partidos
Anne Hidalgo (San Fernando, 66 años) aparece sonriente en la antecámara de su gran despacho en la alcaldía de París, a orillas del Sena, donde la ciudad encuentra su principal frontera. Sonriente, saluda uno a uno al grupo de periodistas que ha convocado a comer para despedirse después de 12 años com...
o jefa del Gobierno de la ciudad. “Hola, ¿qué tal estás?”, saluda a EL PAÍS, recordando sus orígenes españoles y la doble nacionalidad que ostenta.
Hidalgo, nacida en una familia que emigró por motivos económicos a Francia en los años sesenta, ha sido alcaldesa de París desde 2014. Y hace unos meses decidió que no se presentaría a las elecciones que se celebrarán en marzo y en las que votarán 34.875 municipios. No es que la acompañase un clamor popular. El desgaste en los últimos tiempos —acosada por la agresiva oposición de la actual ministra de Cultura y aspirante a la alcaldía, Rachida Dati— y la cólera de los detractores a sus grandes reformas de movilidad han sido evidentes. Quiere cambiar, desconectar, demostrar que es útil en otros campos, apunta durante una larga comida.






