El presidente de la Generalitat explica que evoluciona bien de la infección, que aún no está al 100% pero que tiene en mente una segunda legislatura
La idea original del equipo de Pla Seqüència, el programa que se emite en La2Cat, era montar un reportaje con Salvador Illa haciendo de guía turístico por el Palau de la Generalitat, el portentoso edificio construido entre los siglos XV y XVII en el corazón de Barcelona y que cumple las funciones de sede del Govern. Mostrar “las tripas” del Palau, explicaba el presentador Jordi Basté. Pero, en realidad, lo que se termina viendo son las hechuras interiores del president y cómo ha vivido su baja médica, con ingreso en la UCI incluido, por una rara infección en una ingle. “No soy de quejarme”, dice él en un momento de la filmación, emitida este miércoles por la noche, pero reconoce que esta vez las punzadas de dolor le hicieron reclamar calmante de alto voltaje para soportar el tormento. Le administraron “fentanilo”, revela el propio president en un momento de la entrevista.
Illa dice ser un novato en el papel de paciente: “Nunca antes había pasado una noche en el hospital”, reconoce. Tiene 59 años y hacía deporte casi a diario, es corredor de fondo, pero la enfermedad ha sido caprichosa con él. Le ha atacado en un momento delicado en Cataluña, con el país patas arriba por una crisis ferroviaria, con huelgas de maestros y médicos y con una sucesión de alertas por temporales de lluvia, nieve y viento. Informado por sus consellers de todos los líos, mantiene que ha dejado hacer porque necesitaba centrarse en su recuperación. “Lo que he tenido no ha sido una broma”, cuenta. Pese a las bolas que se han echado a rodar sobre un presunto trato médico de favor, una teoría que ha alimentado y difundido la líder de la ultraderecha independentista, Illa explica que la única diferencia ha estado en que durante su ingreso tuvo “una habitación individual”.






