El número uno, citado en los octavos del emirato con Royer, contiene la réplica del rival en el segundo set: 6-4 y 7-6(5). Badosa cae al puesto 84 tras retirarse en Dubái

Parece que fuera hace una eternidad y al mismo tiempo ayer. Solo dos semanas han transcurrido desde que Carlos Alcaraz triunfase por primera vez en Australia y completase el póquer de los Grand Slams, tiempo más que suficiente para que el tenista haya hecho un poco de todo: disfrutar de los suyos en Murcia, pasear entre los bólidos de la Fórmula 1 en el circuito de Bahréin, pescar en ...

las aguas del Golfo Pérsico y, de nuevo, ya de vuelta a la rutina, prolongar esa costumbre adquirida de lejos que consiste en ganar una y otra vez. Este martes tocaba la puesta de largo en el torneo de Doha y el número uno mantuvo el tono: 6-4 y 7-6(5) al francés Arthur Rinderknech, en 1h 47m.

Suma y sigue Alcaraz, el artista que convierte en arte cada pelota que toca y, a la vez, que sabe identificar el atuendo que requiere cada ocasión. Tocaba currárselo esta vez, teniendo en cuenta que el galo —30º del mundo, primer representante de su país en el listado de la ATP— es un adversario que suele plantearle algún que otro quebradero de cabeza, siempre desafiante. Engañoso el histórico entre ambos: cinco duelos entre ambos, cinco derrotas. Pero no hubo excepción esta vez: a Rinderknech, siempre bola en la boca, hay que masticarlo con calma y empeño. Tras un set bien controlado, el veterano replicó, cómo no, con esa apariencia del que nunca tiene nada que perder.