España se muestra dispuesta a participar en la misión de vigilancia reforzada en el Ártico. Los aliados trabajan en una “OTAN 3.0” con mayor peso europeo

La OTAN tiene prisa por pasar página de uno de los momentos más tensos de la historia de la Alianza: la crisis de Groenlandia, en la que el principal socio de la organización transatlántica, Estados Unidos, amenazó la soberanía de otro aliado y planteó represalias comerciales a varios miembros más que salieron a respaldar a Dinamarca frente a las presiones de Donald Trump. En la primera cita aliada tras el pulso por la isla ártica, los ministros de Defensa de la OTAN han saludado unánimemente la creación de la misión de vigilancia reforzada en el Ártico, Arctic Sentry, con la que, esperan, se logre apaciguar al volátil presidente estadounidense.

Un día después del lanzamiento de la misión que busca contrarrestar la creciente amenaza rusa y china sobre una región que, con el deshielo provocado por el cambio climático, se está convirtiendo en un punto geoestratégico clave, varios países se han apresurado a prometer su apoyo al operativo ártico, entre ellos una España que saca pecho de su “compromiso militar” con todas las operaciones de la OTAN.