La mansión, ubicada en el barrio Santa María Manquehue, está en venta, y ha sido valorada en unos 23 millones de dólares. Es el símbolo de la prosperidad que logró hace casi un siglo el catalán Antonio Rabat Comella
El primer techo bajo el que durmió el catalán Antonio Rabat Comella en su aterrizaje a Chile fue una caballeriza. Era 1902 y el joven oriundo de Manlleu, de 16 años, había llegado a Sudamérica para trabajar en la panadería El Banco Pobre. Era un local de buena factura, de propiedad de Joan Pujol, un amigo de sus padres, sin herederos, y que necesitaba una mano. La tarea inicial de Rabat fue hacerse cargo de los caballos que repartían el pan en el centro de Santiago. Luego, las responsabilidades fueron en aumento, al igual que sus destrezas para los negocios. Llegó a ser dueño de un puñado de panaderías, después de bodegas de vino y, cuando ya había amasado una pequeña fortuna, compró un fundo de 506 hectáreas en las faldas del cerro Manquehue, que limitaba al sur con el río Mapocho, en el sector oriente de la capital, para hacer su propio viñedo. Fue ahí, donde a mediados de la década de los cuarenta, construyó una mansión de estilo español, actualmente Inmueble de Conservación Histórica y convertida en la casa más cara de Santiago, valorada en unos 23 millones de dólares.






