La Corte Suprema ha ordenado que el exjefe del Servicio de Inteligencia Nacional de Perú cumpla por completo su condena por una matanza que digitó en 1992

Hace dos años, a inicios de 2024, Vladimiro Montesinos, el asesor que cogobernó el Perú en los años noventa junto a Alberto Fujimori, aceptó su culpa en una masacre. El exjefe del Servicio de Inteligencia Nacional sorprendió a la sala, desde su recuadro en una audiencia virtual por el caso Pativilca. En enero de 1992, en una localidad al norte de Lima, seis personas fueron torturadas y asesinadas a balazos por el grupo paramilitar Colina, acusados de ser terroristas. Si bien Colina no daba un paso sin la orden de Montesinos, tuvieron que pasar más de dos décadas para que la justicia lo señalase. Y lo condenase. Hoy su condena se ha alargado más de lo que esperaba.

“Sí, acepto, señora presidenta”, dijo Montesinos durante el juicio oral. Había reconocido su responsabilidad en los dos delitos que se le imputaban: desaparición forzada y homicidio. Hubo escepticismo por su arrebato de sinceridad. No parecía haber cargo de conciencia en uno de los hombres más poderosos de la región que construyó una red de corrupción y tuvo vínculos cercanos con el narcotráfico. Al acogerse a la figura legal de la conclusión anticipada, Montesinos tenía la posibilidad de que su condena fuera pagada con los años que ya llevaba en prisión, exactamente desde mediados de 2001.