La crisis ferroviaria perjudicará más al PSOE que la patética gestión del caso de acoso en Móstoles al PP
Por lo que dicen las encuestas, este ciclo de sucesivas elecciones regionales lleva trazas de replicar lo ocurrido en Extremadura: clara mayoría de derechas, con un PP dependiente de Vox para asentar su gobernabilidad, y un PSOE a la baja. En el flanco de la izquierda, ya sea nacional o regionalista, sopa de letra...
s, aunque aquí es donde pueden preverse más oscilaciones según la comunidad autónoma de que se trate. Cuando le toque a Andalucía, ahora sacudida por las inundaciones, será el único momento en el que puedan percibirse algunas oscilaciones interesantes. Primero, porque una de las candidatas es la vicepresidenta del Gobierno; y, en segundo lugar, porque será puesta a prueba la solidez de Vox. Es también la zona donde el PP presenta a su candidato más popular. La gran pregunta es ver hasta qué punto este regionalismo electoral encadenado puede tomarse como una muestra de lo que pueda pasar en las generales.
A la velocidad con la que va la política, tanto dentro como fuera de España, su convocatoria para el año que viene puede alterar considerablemente las cosas. Lo que no sabemos es en qué dirección. Un mayor declive del PSOE puede ser compensado por el derrumbe del sector a su izquierda, que parece incapaz de hablar con una sola voz, haciendo buena la opinión de Tony Judt de que “tiene una larga tradición de pelear por fragmentos de doctrina mientras cede el mundo a sus adversarios”. Aunque en nuestro caso se trata más bien de una pelea entre personalismos. ¿Pero de qué les sirve a los socialistas mantener el tipo si el fraccionamiento acaba disminuyendo el saldo neto de escaños para su bloque?







