La dificultad de la cita ha estado en convencer al presidente colombiano de que debe llevar a Washington propuestas concretas y no caer en provocaciones

¿Zohran Mamdani o Volodímir Zelenski? Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reciba este martes en el Despacho Oval a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, ¿lo hará cubriéndole de reproches, como hizo con el líder ucranio el año pasado? ¿o, tras meses de insultos y críticas mutuas, se deshará en elogios, como ocurrió con el alcalde neoyorquino en diciembre?

En vísperas del encuentro, Trump se mostraba optimista. Petro, aseguraba durante un acto en el Despacho Oval, “ha sido muy amable en el último mes o dos”. “Antes era muy crítico, pero ha cambiado mucho su actitud” después de la operación militar estadounidense en Venezuela que detuvo a Nicolás Maduro el 3 de enero, sostuvo. “Vamos a tener una buena conversación. Vamos a hablar sobre la lucha contra la droga; están saliendo unas cantidades enormes de su país”.

El encuentro de este martes en la Casa Blanca es uno de los más delicados del dirigente estadounidense en el último año. También lo es para el colombiano, que se juega su legado. De lo que traten los dos mandatarios en esa reunión, pese a sus sonoras agarradas a lo largo de los últimos meses, puede depender el futuro inmediato de las relaciones bilaterales entre Washington y uno de sus aliados tradicionales en América Latina. Pero, dada la volatilidad de ambos líderes y su disposición a decir exactamente lo que piensan, el resultado es impredecible.