El documental de la primera dama nos avergüenza mientras el ICE mata la democracia y a gente de a pie
Lo que son las cosas. En España la mujer del presidente afronta una especie de proceso fantasma, un partido de pimpón entre el instructor y el tribunal que le va corrigiendo hasta que veamos dónde cae la pelota. En Francia, la primera dama tuvo que llevar a juicio a los creadores del bulo de su transexualidad. Y en EE UU, el país cuya democracia parece que llegamos a admirar algún día, tenemos a Melania Trump en plena promoción de su documental de autobombo. Los mundos paralelos en los que transcurre nuestro presente siguen multiplicándose más rápido de lo que podemos asimilar.
El documental Melania es “beautiful”, ha dicho la esposa del presidente de EE UU, igual que la “gran y preciosa” ley fiscal que su marido impulsó para deportar, recortar el servicio sanitario y dejar sin empleo a unos cuantos. “Es precioso, emocional, cinemático, a la moda y estoy orgullosa”. Atentos, usuarios de Amazon: esta empresa está despidiendo a miles de trabajadores en el mundo ante el impulso de la IA mientras financia con 40 millones de dólares el documental de la primera dama. ¿Esperábamos algo más de Jeff Bezos? Lo esperábamos. ¿Deberíamos pensarnos lo de seguir comprando en Amazon? Deberíamos.















