Ha reformado como vivienda el piso de menores dimensiones que está entre las tradicionales estancias pontificias y el tejado del palacio apostólico
Una de las cuestiones que más expectación despertó en los días del cónclave, los pasados meses de abril y mayo, fue dónde viviría el nuevo papa. En medio de las guerras internas de la Iglesia católica, se le dio una trascendencia particular para comprender qué camino seguiría su pontificado. Una opción era de continuidad con Francisco, que dejó el apartamento pontificio, como gesto de austeridad, para instalarse en el hotel vaticano donde se alojan los cardenales de paso por Roma. La otra era regresar a la tradición, como señal de que recuperaba la institucionalidad papal y las cosas volvían a ponerse en su sitio. Sin embargo, León XIV, muy en su estilo, se tomó su tiempo, encargó unas reformas y al final ha tomado la calle del medio: según el diario La Repubblica, no vivirá en el famoso apartamento del tercer piso del palacio apostólico, sino encima, en un entresuelo de menores dimensiones entre esa planta y el tejado que ya se ha bautizado como “buhardilla”, aunque no tiene el techo inclinado.
El traslado se producirá en breve, apuntan desde diciembre los medios italianos, pues las obras están a punto de terminar. Estos meses se ha visto en algunas ocasiones trajín de operarios en el edificio y grúas que trabajaban desde el exterior. El sector tradicionalista de la Iglesia, crítico con Francisco, se tomó ya como un punto a favor el hecho de que desde el principio León XIV dejara claro que volvería al palacio apostólico. Lo mismo ocurrió cuando retomó la costumbre de las vacaciones de verano en Castelgandolfo, que su predecesor había abandonado. Sin embargo, muy en su línea de buscar el punto de equilibrio entre los bandos, Prevost regresa al mismo edificio, pero no exactamente al mismo lugar. Sino justo encima, más escondido, más discreto y en un piso más normal y más práctico.








