Los esfuerzos de los grandes desarrolladores de IA por reducir su dependencia son cada vez mayores. Aunque el dominio del fabricante de chips no se ve amenazado
De monopolios está sembrada la era digital. Las grandes tecnológicas han alcanzado su gigantismo gracias a dominar de forma aplastante un área concreta. Google comenzó con las búsquedas, Meta arrasó en las redes sociales, Microsoft partía de Windows y del software empresarial, Amazon es sinónimo de comercio electrónico. Y hoy, Nvidia es el proveedor mayoritario, a mucha distancia del resto, de chips para inteligencia artificial.
Sus GPUs han demostrado ser la mejor opción para entrenar modelos de IA y para ejecutarlos. Los desarrolladores de IA, desde OpenAI a Google, pasando por Anthropic, Meta o Amazon, junto a una recua de startups especializadas, se pelean por los chips de Nvidia.
Esto ha convertido al fabricante en la compañía más valiosa del mundo. Pero sus clientes están deseosos de encontrar alternativas. Nvidia tiene una larga lista de órdenes de compra por entregar. Y a ello se suma otra circunstancia: no existe una competencia real que modere los precios de sus chips. Con Intel renqueando en este mercado, AMD ha incrementado su presencia y startups como Cerebras o Groq —a la que por cierto casi ha engullido Nvidia con un acuerdo de 20.000 millones— han desarrollado procesadores especializados. Pero no es suficiente.






