La cita de CAF congrega a 6.000 participantes y un nutrido grupo de mandatarios inédito en los últimos años
A las siete de la mañana, cuando el calor húmedo ya dominaba la bahía, una multitudinaria y silenciosa fila serpenteaba alrededor del Centro de Convenciones de Ciudad de Panamá. Soldados armados vigilaban cada acceso mientras periodistas con mochilas llenas, asesores pegados al teléfono, activistas con acreditaciones colgando del cuello y ejecutivos de traje oscuro avanzaban a paso lento, resignados al protocolo y a los controles de seguridad. Sentado solo, en una silla a un costado de la entrada al auditorio principal, un alto directivo de Volkswagen Brasil observaba el hormigueo sin hablar con nadie. Había llegado para escuchar, para tomar nota. Ojalá que para abrir nuevas oportunidades. “Vengo a ver al que puede ser el último suspiro del multilateralismo”, dijo, sin darle demasiada importancia. La frase sonó grave, pero no derrotista. Si el mundo tal como se conocía se desarma, vino a decir, tal vez sea el momento de mirar hacia adentro, de explorar soluciones propias, regionales, menos dependientes de los sobresaltos ajenos.
Esa fue la idea que flotó durante toda la jornada y fue el centro de los discursos de los siete jefes de Estado —Brasil, Colombia, Panamá, Bolivia, Jamaica, Ecuador y Guatemala— y un presidente electo —Chile— que participaron. El Foro Económico Internacional, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), fue autobautizado por los asistentes como una especie de foro de Davos regional, una cita que ha logrado más presencia de mandatarios latinoamericanos que cualquiera de las últimas cumbres internacionales organizadas en la región.






