La serie es agradable, porque Sanz es un tipo muy simpático, autor de parte de la banda sonora de nuestras vidas, pero no mete el dedo en la llaga porque para eso es cosa y obra suya

El 14 de diciembre de 1991, después de que Alejandro Sanz actuara en el Pabellón de Deportes del Real Madrid un repertorio de canciones que ya incluía Pisando fuerte y Los dos cogidos de la mano, las fans le cantaron el cumpleaños feliz porque soplaba velas cuatro días después. A su madre, cuyas cenizas reposan junto a las de su padre en la finca que el cantante posee en Jarandilla de La Vera, la llamaba La loba.

En una de las giras sacó al escenario a Farruquito, que recibió abucheos de parte del público porque en esos días el bailaor era noticia nacional por atropellar mortalmente a una persona con su coche. Su primer concierto en Estados Unidos fue en el Beacon Theatre de Nueva York, en pleno Broadway, y tuvo que ser interrumpido en varias ocasiones porque las fans saltaban al escenario.

Pero este no es el artículo de una fan, sino el de una periodista que ha visto la miniserie documental Cuando nadie me ve (Movistar Plus+), y que quiere añadir estos detalles que no aparecen por si resultaran de interés. Tres capítulos de cerca de una hora de duración que disfrutarán los muy cafeteros que siguen llorando cuando escuchan ¿Lo ves?, o será el rito de iniciación para los que desconozcan quién es este muchacho con tan buen pelo pasados los cincuenta que sigue cantando canciones.