Estrenado después del debate de ‘La isla de las tentaciones’, Telecinco busca enganchar a los espectadores que abandonan el programa de Sandra Barneda en contra de su voluntad
Aunque parezca datar de las primera épocas de Cuatro y La Sexta, Casados a primera vista es posterior a los años dorados de los dating show (Quién quiere casarse con ...
mi hijo, Granjero busca esposa, I love Escassi, Un príncipe para Corina). Su primera edición fue hace apenas 10 años y, tras cuatro ediciones en Antena 3, pasa ahora a Telecinco. La premisa se mantiene: “tres expertos” (sic) hacen un test de compatibilidad entre personas anónimas y eligen a parejas que podrían enamorarse a primera vista. La condición sine qua non es casarse en televisión, probablemente sin papeles de por medio (no como en anteriores ediciones donde la boda se hacía en otro país).
Sin el interés que provocarían los calamitosos divorcios tras unas impulsivas bodas por bienes gananciales, las parejas se dan (o no) el sí quiero en presencia de los familiares y amigos con más tragaderas y más ganas de salir en televisión. La primera diferencia respecto a la versión de Antena 3 es la homogeneidad de los participantes. Todos están en torno a la treintena y todas las parejas son caucásicas (con una fuerte presencia de andaluces) y heterosexuales. En anteriores ediciones, además, no primó tanto la buena presencia. Es innegable que en 2026 los retoques estéticos están al alcance de los bolsillos de muchísimos españoles, pero sorprende que nadie en televisión parezca haberse conformado con la cara y la dentadura con la que nació. Por mor de la diversidad, Telecinco también ha admitido a algunos participantes que no parecen tener retoque alguno.






