Decenas de artistas y empresarios han sido detenidos en las “operaciones contra los famosos”, pero ¿qué hay tras estas redadas?
Desde hace semanas son la comidilla de Turquía. Las conversaciones sobre porros del nuevo presidente del Fenerbahçe con una conocida presentadora de televisión; la habitación cubierta de espejos en la que un prominente periodista, hijo de un islamista radical, supuestamente organizaba orgías con otras colegas; la cámara secreta, presuntamente para ponerse hasta las trancas, del hotel Bebek, famosa casa de encuentros privados de la jet set estambulí; la detención de tal actor o tal cantante en la última redada antidroga. Se comenta entre amigos, en las cenas, esperando a los hijos a la puerta del colegio, por lo bajinis, con cierto sonrojo, pero evidente morbo, regodeándose en la caída...
en desgracia de tal o cual celebridad en un momento en que el país atraviesa una dura crisis económica. Los ricos —los muy ricos de Turquía— también lloran. Puro schadenfreude.
En principio, podrían parecer detenciones ejemplarizantes en un país donde la posesión de drogas, aunque sea para consumo personal, está penada con entre dos y cinco años de cárcel (si bien existen medidas sustitutivas para aquellos sin antecedentes). Pero en el que, en los últimos años, se ha disparado el consumo —especialmente de cocaína y drogas sintéticas—, como símbolo de estatus y a medida que el país se ha convertido en puerta de entrada y distribución de la mercancía destinada a Oriente Próximo.






