El Departamento de Seguridad Nacional acusa a los medios de mentir en su cubrimiento del suceso, mientras que asociaciones de periodistas alertan de un aumento de agresiones a los reporteros por parte de agentes federales
En cuanto los primeros videos de la muerte de Renee Good comenzaron a esparcirse sin control por las redes sociales, el Gobierno de Donald Trump se empeñó en dominar el relato. No era tarea fácil, las imágenes en las que un agente migratorio disparaba a una mujer en un carro en una calle de Minneapolis hablaban por sí solas. Aun así, apenas un par de horas después de que tres disparos acabaran con la vida de Good, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ataviada con sombrero de vaquero en una rueda de prensa desde la frontera con México en Texas, acusó a la fallecida de ser una “terrorista doméstica” y de haber intentado matar a los agentes. En los días siguientes, nadie en la Administración se ha desviado de este mensaje.
Pero sí lo han adaptado y expandido en respuesta al trabajo que han hecho los medios de comunicación que considera sus enemigos y que han analizado las pruebas y presentado el suceso como un asesinato y no como un incidente de legítima defensa propia. Para el Gobierno ya no solo ha sido cuestión de presentar la idea de que la víctima en realidad era el agente que jaló el gatillo —mientras el Gobierno nunca identificó a Good, Noem sí informó que el oficial que la mató había sido arrastrado por un carro en junio— sino de acusar a cualquiera que dijese lo contrario de estar mintiendo, de ser “fake news”.












