Si cada hogar es el espejo íntimo de su dueño, el del fotógrafo madrileño refleja un hedonista festival de filias: contiene una inimitable mezcla de arte, mobiliario y peripecia vital
Si cada hogar es el retrato de un momento, el piso en París del fotógrafo Gorka Postigo (Madrid, 47 años) representa un nuevo comienzo. “Me mudé a la ciudad por primera vez en 2017, pero no a esta casa. Estuve ocho meses, pero mi madre, que estaba enferma, empeoró, y volví a Madrid. Falleció en 2018. Después, un día, ya durante la pandemia, trabajando en París, mi pareja y yo vimos un piso y lo alquilamos, y durante un tiempo estuvimos yendo y viniendo. Cuando vendí mi casa de Madrid, alquilé esta y me mudé definitivamente”, explica Postigo. De aquello hace tres años. El piso tiene 85 metros cuadrados y está a un salto del Palais Royal, pero no fue exactamente un flechazo: “Cuando lo vi, no tenía mucho que ver con lo que es ahora, pero cambié el suelo, abrí una puerta entre el salón y el comedor... el piso necesitaba un poco de cariño. No era perfecto, pero enseguida vi posibilidades. Y pensé que era mejor invertir en adaptar esta casa que esperar a un ideal que no iba a encontrar, por lo menos al precio que podía pagar”.






