Para el presidente de EE UU no existen contradicciones porque las reglas globales bajo las que funcionábamos ya no existen

Irán y Venezuela estaremos unidos para siempre en lo malo y en lo bueno”. Tras 18 horas de vuelo, esas fueron las declaraciones de Mahmud Ahmadineyad al bajar del avión que le había llevado de Teherán a Caracas. Era marzo de 2013. El objetivo del viaje era asistir al funeral del líder al que consideraba, según sus propias palabras, un hermano: Hugo Chávez. Cuando el nombre del presidente iraní fue anunciado durante las exequias, recibió una gran ovación. Más incluso que Ev...

o Morales o Rafael Correa. Ahmadineyad se acercó al féretro, lo besó y lloró. Hacía años que ellos dos habían consolidado una sólida e inquietante alianza de intereses que tenía como motivación principal compartir un enemigo común y gigantesco: Estados Unidos.

Esa alianza entre tiranos ha durado prácticamente hasta el presente y sobre todo se ha desarrollado a partir de operaciones encubiertas como alternativa al bloqueo internacional de Occidente impuesto a ambos países. Una de esas operaciones ha sido la construcción de drones. Nicolás Maduro lo puso en valor hace pocos meses, durante el desfile militar celebrado anualmente para conmemorar la independencia de Venezuela. “Tenemos que fortalecer nuestra capacidad para la guerra moderna. Tenemos que fortalecer nuestros sistemas de defensa aérea y antiaérea. Con tecnología propia y con ayuda de nuestros grandes aliados y amigos del mundo”. Lo enfatizó al repetirlo: “sí, con la ayuda de nuestros grandes amigos”. Se refería a Irán. En la misma celebración, tres años antes, desfilaron ante Maduro unos todoterreno en cuya parte trasera había una estructura metálica que sostenía drones de ataque construidos en Venezuela. Así lo dijo el locutor del acto, pero leo en un reportaje de BBC News que eran la versión modernizada de un dron iraní.