El brasileño vuelve a jugar como extremo y firma dos goles y una asistencia en la goleada del equipo de Hansi Flick ante el Athletic

A veces protagonista secundario, otras principal, Raphinha no acostumbra a esconderse en el Barcelona de Hansi Flick. Todo lo contrario. Y eso que las galas de los premios internacionales se olvidan de su fútbol. “Parece una broma que Raphinha no esté en el once ideal de la FIFA en 2025”, se quejó Flick. Un fútbol en estado de gracia, siempre intenso, desde que el alemán tomó el mando del banquillo azulgrana. Aunque su ego estuvo a punto de traicionarlo —hasta amagó con pedir el dorsal 10—, Raphinha aceptó ser el ladero de Lamine, siempre dispuesto a tomar el foco cuando el delantero catalán no está al 100%. Así pasó en Yeda frente al Athletic: con Yamal con poca gasolina tras superar un virus estomacal, el brasileño tomó el mando; jugó para el equipo (una asistencia), jugó para él (dos goles). Nada nuevo. “Nunca voy a decir que estoy en mi mejor nivel porque voy a seguir buscando e intentar hacer una temporada casi perfecta”, rubricó Raphinha.

No quería riesgos Hansi Flick frente al Athletic, y mucho menos cuando estaba en juego aspirar al primer título del año, el cuarto de la era del técnico alemán en el Barcelona. Y, aunque quiso cuidar a Lamine Yamal —jugó unos 20 minutos—, Flick no especuló con el once frente al Athletic en Yeda. Para encontrar la mejor versión de su Barcelona, el alemán tiene que encontrar la mejor versión de Raphinha.