Muchos expertos anticipan subidas de precios con la divisa europea aunque se espera que favorezca el comercio y el turismo en el país con menor renta per cápita de la UE

Apenas había transcurrido una hora de la entrada del año nuevo cuando Mariana Valkova se acercó a un cajero automático del bullente bulevar Vitosha de Sofía. Bulgaria acababa de convertirse en el vigésimo primer país de la Unión Europea en adoptar el euro, un hito que fue recibido con tanta alegría como temor, después de que esta nación balcánica ingresara en la Unión Europea hace 19 años. “Retiré 100 euros para contemplar los billetes...

y festejarlo después”, confiesa esta programadora de 58 años con enorme regocijo después de practicar, junto a sus amigos, el baile popular nacional Horo —similar a la sardana— en la tarde de Año Nuevo en el centro neurálgico de la capital búlgara.

Esa medianoche, numerosos ciudadanos se congregaron desafiando las temperaturas bajo cero para celebrar la entrada a la eurozona frente a la sede del Banco Nacional Búlgaro, donde se proyectaron las monedas búlgaras de su nueva divisa, y así dejar atrás la leva (león en búlgaro), en uso desde 1880. “Nuestra entrada en la familia del euro impulsará los negocios y nos acercará aún más a Europa”, vaticina Valkova.