El Kunstpalast de Düsseldorf exhibe una exposición inusual sobre la historia del aroma arropada en las obras de arte de su colección y en el desarrollo único de composiciones olfativas
No todo se puede oler en el Kunstpalast de Düsseldorf. El nazismo, por ejemplo. Cuando el comisario de la exposición alcanzó este episodio traumático de la historia, decidió orillarlo, no difundir ningún aroma en la sala y limitarse a citar algunos apuntes culturales del Tercer Reich para continuar con sus consecuencias, los olores de los años de la Guerra Fría. Robert Müller-Grünow ha...
diseñado un recorrido histórico exhaustivo, desde la antigüedad hasta el presente, en torno al aroma y su poder oculto repartido en 37 galerías. El reto era exponer algo que no se puede ver y que hay que crear —el olor— y acompañarlo fielmente con las obras de arte de la colección histórica del museo, una de las cámaras del tesoro de Renania.
El aroma del cosmos, por ejemplo, se exhibe en un ascensor. Es un olor que molesta mucho a los astronautas y exige preparación. La Nasa capturó unas muestras de aire (partículas espaciales, en el espacio exterior no hay atmósfera) para que Müller-Grünow reprodujera el aroma con el propósito de habituar el olfato de los futuros cosmonautas. Los compuestos adheridos a sus trajes tras un paseo espacial reaccionan cuando regresan a la Estación Espacial Internacional. “El resultado del análisis mediante cromatografía de gases es una fórmula que muestra con precisión la composición química presente en el espacio exterior y su olor. Así recreamos la fragancia”, explica el curador.






