El puerto, donde se levantaría el edificio, decide no dar nuevos pasos para su aprobación a la espera de dos resoluciones judiciales, mientras los promotores tiran de paciencia tras una década de trámites
Hace más de una década que buena parte de Málaga mira al horizonte con preocupación. Son quienes creen que un rascacielos de 144 metros de altura en el dique de Levante del puerto cambiará para siempre el paisaje de la ciudad, que nunca tendrá ya el mismo encanto y piensan que el enorme edificio será una mancha en las postales. Hay otra parte que, sin embargo, mira hacia el mis...
mo lugar con ilusión. Son quienes creen que la obra, firmada por el prestigioso arquitecto David Chipperfield, será un icono que marcará el futuro y piensan que afianzará los pilares de la gran capital que aspira a ser Málaga. Diversidad de miradas hacia una iniciativa que tras 10 años de trámites se encuentra, hoy, en punto muerto. Y lo está a la espera de dos resoluciones judiciales, pero también porque el Gobierno no termina de ver que la actuación sea de interés general, requisito imprescindible para que salga adelante. Para Jordi Ferrer, director ejecutivo del Grupo Inversor Hesperia, promotor junto a la empresa catarí Al Alfia, es “incomprensible” que ese interés no se vea con claridad “por todo el valor” que la iniciativa va a aportar, desde su punto de vista, a la ciudad.






