El Rey alerta del hartazgo que la continua gresca partidista produce en la ciudadanía y del peligro que eso supone para la democracia
Consciente de que España lleva demasiado tiempo atravesada por una feroz polarización política, el rey Felipe VI dedicó ayer casi de forma monográfica su tradicional discurso de Nochebuena a una cerrada defensa de la convivencia como base de nuestra vida democrática. “Todos debemos hacer del cuidado de la convivencia nuestra labor diaria”, recalcó el Monarca. El cuestionamiento de los principios que cimentan el Estado de derecho se ha convertido en todo Occidente en una amenaza real. Cuando el multilateralismo y el orden mundial basado en reglas compartidas viven su peor trance desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las democracias afrontan “una inquietante crisis de confianza”, en acertada definición del Rey. De ella derivan la erosión de la credibilidad de las instituciones y una desafección hacia el sistema democrático que resulta cada vez más preocupante. También en España.
Hace 50 años, los españoles recuperamos las libertades tras la muerte del dictador. Comenzó una Transición no exenta de dudas y diferencias, pero que supuso un ejercicio de responsabilidad y diálogo por parte de toda la sociedad y de sus representantes. Esa apelación al diálogo permeó todo el discurso de Felipe VI, el más corto de los 12 que ha dirigido a los españoles como jefe del Estado con motivo de las fiestas navideñas, pero uno de los más inequívocamente políticos.










