La victoria de Guardiola tapa algunos distanciamientos con la dirección nacional

Hace un año, en enero de 2025, cuando el PP de Feijóo convenció a María Guardiola de que no anticipase las elecciones finalmente celebradas este domingo porque quería desprenderse ya de Vox al no aceptarle sus presupuestos, la nueva baronesa roja, verde, azul o morada del PP ya confesó, en la intimidad, que estaba cansada del partido ultra y de ser una “outsider”. El PP de Feijóo no quería entonces molestar a Vox, que no estaba con la pujanza actual. Pero Guardiola estaba harta de Vox y empezaba a demarrar de las consignas de Génova 13, de las que ya se distanció tras las elecciones de 2023 precisamente por no asumir de ninguna manera las posturas más retrógradas de la formación ultra que luego se tragó.

Ahora, para anticipar estas elecciones, había llegado a un entente con el equipo de Feijóo, con campañas separadas y errores no compartidos, que ha dejado algunas señales de cierto distanciamiento. Las dos partes han tomado nota, pero las grandes expectativas trazadas por Guardiola y aireadas por Feijóo han quedado un poco chafadas.

El frustrante resultado en estas elecciones de Guardiola en la progresista Extremadura no equipara las mejores marcas con 32 escaños del ahora marginado expresidente popular José Antonio Monago, ni la empodera como pensaba para seguir haciendo las cosas como otro verso suelto del PP autonómico, ni la aleja definitivamente de un Vox cada vez más en la nuca y le sirve un agridulce regalo a Feijóo para enseñarle a Sánchez el coste de sus errores, al menos como cazatalentos.