Los datos ratifican lo que todos habíamos sospechado desde que existe algo parecido a un calendario
Ya siento sacar esto un sábado, pero los datos confirman lo que todos habíamos sospechado desde que existe algo parecido a un calendario: que los lunes son odiosos. En ese día funesto la ansiedad se dispara, el estrés se agudiza y la probabilidad de infartos y demás eventos cardiovasculares aumenta en casi un 20%. De los suicidios ni hablemos. Menos mal que este año la Navidad cae...
en jueves.
Todo esto, naturalmente, explica que no haya nada más inquietante que una tarde de domingo. Yo las recuerdo con pavor desde niño, cuando volvía con mis padres de la Casa de Campo —una gran zona verde de Madrid— y mi padre ponía el fútbol en la radio del coche, porque en la época no solo se iba en coche a la Casa de Campo, sino que se metía el coche hasta los encinares más profundos y los más altos pinares, no fuera a ser que los súbditos de la dictadura respiráramos tanto oxígeno que nos diera un mareo. A la salida de la Casa de Campo siempre había un atasco de Seat 600 y Renault Dauphine y la basca ponía el fútbol en la radio del salpicadero. Ese sonido significaba que al día siguiente era lunes y generó en mi alma infantil, o lo que tuviera en su lugar, una aversión duradera al deporte rey que no me ha abandonado sesenta años después.






