El primer ministro británico amenaza con presionar en vía judicial si el millonario ruso incumple su palabra

El oligarca ruso Roman Abramóvich lleva tres años jugando al gato y al ratón con el Gobierno británico, y la paciencia de Downing Street ha comenzado a agotarse, justo en el momento en que

tml" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-12-17/la-ue-se-juega-su-capacidad-de-accion-en-la-propuesta-de-movilizar-los-activos-rusos-para-evitar-la-bancarrota-de-ucrania.html" data-link-track-dtm="">Europa está dispuesta a utilizar los bienes rusos congelados para ayudar a la financiación de Ucrania.

El primer ministro, Keir Starmer, ha firmado una licencia por la que permite la transferencia a ese país de 2.850 millones de euros, el fruto de la venta del club de fútbol Chelsea F.C. , que permanecían retenidos en una cuenta del Reino Unido. El multimillonario ruso, amigo y aliado de Putin, se comprometió a destinar ese dinero a programas humanitarios para suavizar los efectos de la guerra, pero ha mareado hasta ahora a las autoridades británicas con su insistencia en que el dinero se destine a “todas las víctimas” (incluyendo a soldados y civiles rusos) y con la disputa constante sobre la verdadera cantidad de dinero que retiene su fundación.