El presidente electo muestra un tono conciliador con su antecesor tras prometer reforzar el combate contra la inseguridad y la expulsión de los extranjeros sin papeles
La transición presidencial en Chile entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, líder de la extrema derecha del Partido Republicano, ha arrancado con los signos institucionales que son tradición en la democracia sólida del país sudamericano: una cordial llamada telefónica en la noche del domingo y una reunión este lunes en el Palacio de La Moneda. Ambos estuvieron allí acompañados por sus respectivos equipos para iniciar el cambio de mando, previsto para el 11 de marzo de 2026.
Los dos hombres encabezan proyectos políticos diametralmente opuestos y la campaña presidencial fue hostil: Kast no se limitó en los descalificativos al Gobierno de Boric —lo trató varias veces de “fracasado” e “inepto”—, y el propio presidente criticó al ultraconservador en una cadena nacional, sin nombrarlo, a fines de septiembre, por su compromiso de hacer un recorte fiscal de 6.000 millones de dólares en los 18 primeros meses de mandato. Pero ambos han logrado en las últimas horas conversar pública y privadamente de forma amable, lo que indica que respetarán los gestos republicanos que son costumbre en Chile desde el retorno a la democracia en 1990.
















