La estadounidense, que volvió de su retiro en 2024, se acaba de convertir en la vencedora más veterana en la historia de la Copa del Mundo de Esquí Alpino

Las lágrimas de Lindsey Vonn en el podio de St. Moritz, revirada y velocísima pista de descenso en el cantón de los Grisones, laderas blancas de la Suiza oriental, esconden mucho más que una simple victoria en la Copa del Mundo de esquí alpino. Con 41 años y 55 días, la estadounidense se acaba de convertir en la...

mujer más veterana que jamás haya alzado los brazos en una prueba de semejante calibre. Pero no solo eso. En el mes de diciembre, en el que se cumplen 21 años de su primer triunfo en la Copa del Mundo, allá por 2004, y tras haber superado las gravísimas lesiones de rodilla que la obligaron a retirarse en 2019, Vonn al fin se siente en paz consigo misma.

“Ahora mismo me encuentro en la mejor forma física de mi carrera”, asegura llena de orgullo tras arrebatarle el triunfo en las montañas suizas a la austriaca Magdalena Egger, 14 años más joven que ella. El secreto de tan esplendorosa longevidad, cuenta, está en su cambio físico. “Me he esforzado más que nunca para cuidar mi cuerpo”, explica. “El año pasado, sin ir más lejos, estaba más delgada de lo que me hubiera gustado, incluso más que en mis mejores años en la élite. Esta pretemporada, en cambio, he sido más disciplinada que nunca con la dieta y con la forma de entrenar. He logrado subir mi peso unos cinco kilos gracias a ese trabajo. Ha sido un verano duro, pero ha merecido la pena”.