Agricultura envía al laboratorio europeo muestras del virus encontrado en los jabalíes y en el centro de investigación IRTA-CReSA para compararlos

El aspecto de la sierra de Collserola era fantasmagórico a primera hora de la mañana de este lunes. La densa niebla, una llovizna incesante y las bajas temperaturas han disipado cualquier opción de salir a pedalear por la sinuosa carretera de l’Arrabassada, que serpentea desde Barcelona hasta Sant Cugat del Vallès, al otro lado de la montaña. Después de 17 días, desde que se detectaron los dos primeros casos de peste porcina africana (PPA) —actualmente son 16—, el Govern ha relajado las restricciones al medio natural en el radio de seis a 20 kilómetros. Sin embargo, la prudencia sigue sin llenar de ciclistas, corredores y caminantes los inabarcables caminos de Collserola.

Vallvidrera, un enigmático barrio ubicado en lo alto de la sierra y punto de encuentro de aquellos que la ascienden, permanecía vacío. Ni rastro de ciclistas tomando café en el histórico bar Antiga Casa Trampa, fundado en 1802. “Así estamos desde hace días”, dice Sílvia Baldeliov, propietaria del local, mientras señala a los dos únicos vecinos que desayunan en la barra. La especialidad del bar es, precisamente, un exquisito jamón de jabugo, pero al que hace dos semanas cuesta darle salida. “Normalmente vienen a comer o a tomar algo cerca de un centenar de ciclistas y excursionistas en un solo día, pero ya llevamos muchas jornadas en las que nuestra única clientela son vecinos del barrio”, lamenta.