La banca de inversión aconseja ampliar el foco a empresas que puedan monetizar esta tecnología como a suministradores de productos y servicios. Los ganadores definitivos pueden no existir aún

Hace poco más de un cuarto de siglo America Online pactaba la mayor operación empresarial de la historia, la compra de los estudios Time Warner; que ahora sean exactamente esos mismos estudios de Hollywood los sujetos de otra operación descomunal es un cinematográfico guiño del destino. Enero de 2000 era el punto álgido de una burbuja fi...

nanciera que, sostenida en el cambio estructural que supondría internet, es el espejo en el que se compara la euforia actual alrededor de la IA. En teoría, aquella fusión juntaba a dos caballos ganadores de la entonces denominada nueva economía: el mayor proveedor de acceso a internet con uno de los mayores creadores de contenidos. Entonces la mayor empresa cotizada del mundo era Cisco Systems, fabricante de equipos de telecomunicaciones al igual que otras estrellas caídas en desgracia como Nortel o Lucent. Yahoo! despuntaba en Bolsa a medida que relegaba a Altavista como buscador mundial de referencia.

La Bolsa tenía razón, pero solo a medias: internet cambió las normas de la economía y, como todas las revoluciones económicas, dio lugar a una nueva aristocracia. Pero no la que se esperaba. Quedaban cuatro años para que Google debutara en Bolsa; cuatro también para que se enviara el primer mensaje en la historia de Facebook. La lección del cambio de siglo para los profesionales de la inversión no es el debate (casi irresoluble y quizá un tanto estéril) sobre si los precios de las cotizadas actuales encierran una burbuja o no, sino que los ganadores de la IA, o los ganadores de la tecnología del futuro, pueden ser hoy unos desconocidos. O no existir aún. Por eso, entre el dilema de subirse al tren de las Nvidia y compañía o huir del mercado ante el riesgo de corrección, hay terceras vías. “En lo que respecta a las burbujas, la IA parece una de las más fáciles de manejar para un inversor agnóstico”, explica la gestora de fondos GMO.