El Gobierno local inaugura el yacimiento de Simandou, con el que espera abandonar el vagón de cola en África e impulsar su desarrollo

Simandou. Es una de las palabras más repetidas últimamente en Guinea-Conakry, un término que está presente en todos los carteles, en todas las conversaciones, en todos los discursos políticos. En realidad es el nombre de una remota cadena de montañas en el sureste del país. Allí se encuentra la enorme mina de hierro inaugurada el pasado mes de noviembre que representa la esperanza de todo un país de salir del vagón de cola de África y alcanzar la meta soñada del desarrollo. Simandou 2040 es el programa de emergencia sostenible diseñado por el Gobierno guineano al amparo de esta explotación minera, que pretende dar un impulso a la economía, la salud, la educación y los transportes. Las expectativas cabalgan a la altura de la propia mina, una de las más grandes del mundo.

La presencia de hierro en esta zona es conocida desde hace siglos, pero hasta hace unos 30 años no se dieron los primeros pasos para su explotación industrial. Uno de los desafíos era su traslado hasta la costa para poder exportarlo y, para ello, se ha construido una línea férrea de 650 kilómetros que atraviesa el país de este a oeste. Las cifras marean. Se calcula que hay unas reservas de 4.000 millones de toneladas y se espera alcanzar un ritmo de extracción de 120 millones de toneladas anuales, para lo que se han invertido unos 18.000 millones de euros y se ha construido un nuevo puerto en Morébaya, a unos 100 kilómetros de la capital.